Newman, Peter & Kenworthy, Jeffrey

Sobre el autor

Peter Newman y Jeffrey Kenworthy son investigadores australianos de planificación urbana cuya labor colaborativa ha sido una de las más citadas y debatidas en los campos de la planificación del transporte y las ciudades sostenibles. Su estudio histórico sobre la dependencia del automóvil en las ciudades globales, publicado por primera vez como Cities and Automobile Dependence en 1989 y actualizado a través de artículos y libros posteriores, proporcionó la primera comparación empírica sistemática del uso de combustible, la propiedad de vehículos, la demanda de transporte público, la densidad urbana y los patrones de uso del suelo en docenas de ciudades de Norteamérica, Europa, Asia y Australia. El hallazgo fundamental de que la densidad urbana está fuertemente correlacionada con el consumo de energía del transporte y la dependencia del automóvil se convirtió en la base para los defensores del desarrollo urbano compacto orientado al transporte público y en un desafío directo al modelo de expansión suburbana de baja densidad que dominó la planificación de posguerra en muchos países.

El trabajo posterior de Newman y Kenworthy se extendió al concepto del pico del uso del automóvil, la transición hacia un transporte sostenible y el potencial de las ciudades para superar la dependencia del automóvil mediante la inversión en transporte ferroviario, densificación urbana y reforma de la planificación.

Libros de Newman, Peter & Kenworthy, Jeffrey 1

  1. 105
    The End of Automobile Dependence: How Cities Are Moving Beyond Car-Based PlanningIsland Press, 2015ISBN: 978-1-61091-613-4

    El Fin de la Dependencia del Automóvil: Cómo las Ciudades Están Superando la Planificación Basada en el Coche Peter Newman y Jeffrey Kenworthy Island Press, 2015 Durante la mayor parte del siglo XX, la historia del urbanismo fue también la historia del automóvil. Las ciudades fueron moldeadas —a veces drásticamente transformadas— para dar cabida al coche: autopistas atravesando barrios históricos, estacionamientos que consumían manzanas enteras del centro urbano, suburbios dispersos diseñados únicamente para ser recorridos en vehículo. Peter Newman y Jeffrey Kenworthy, dos de las mayores autoridades mundiales en transporte urbano, dedicaron casi cuatro décadas a documentar esta condición y sus consecuencias. Su obra pionera de 1989, Cities and Automobile Dependence, dio nombre al problema y estableció un marco empírico riguroso para comprenderlo. Su continuación de 1999, Sustainability and Cities, apuntó hacia soluciones. Este tercer volumen de 2015, el cierre de la trilogía, ofrece algo inesperado: buenas noticias genuinas. La era de la dependencia del automóvil está llegando a su fin, argumentan los autores — y no solo porque los planificadores lo hayan decidido, sino porque cambios medibles y basados en datos en los patrones de movilidad urbana evidencian una transformación estructural ya en marcha. El libro comienza con un análisis exhaustivo de lo que los autores denominan el 'pico en el uso del automóvil' — la observación empírica de que los desplazamientos per cápita en vehículo privado se han estancado o disminuido en ciudades del mundo desarrollado, incluso mientras las poblaciones y los ingresos han seguido creciendo. Newman y Kenworthy se apoyan en datos actualizados de transporte y uso del suelo de 44 ciudades de todo el mundo para documentar estas tendencias. Identifican seis fuerzas interconectadas que impulsan el cambio: la saturación de la capacidad viaria, que hace irracional seguir incrementando el uso del coche; el encarecimiento del combustible, que erosiona la viabilidad económica de los estilos de vida dependientes del vehículo; las preferencias cambiantes de las generaciones jóvenes, que cada vez más optan por no poseer coche; la revitalización de los centros urbanos como lugares deseables para vivir y trabajar; la inversión sostenida en sistemas de transporte público sobre raíles; y la emergencia de una economía del conocimiento que concentra la actividad en núcleos urbanos densos y peatonales. Una de las contribuciones teóricas centrales del libro es la elaboración de la 'teoría de los tejidos urbanos.' Toda ciudad, proponen los autores, no es una entidad única y homogénea, sino un compuesto estratificado de tres tejidos distintos, cada uno con su propia lógica, escala y requerimientos de movilidad. El tejido peatonal — presente en los centros históricos, los barrios interiores densos y los cascos tradicionales — se organiza en torno al movimiento humano, con calles estrechas, usos mixtos, intersecciones frecuentes y densidades suficientes para sostener la vida cotidiana a pie. El tejido de transporte público se extiende a lo largo de corredores servidos por ferrocarril o autobuses de alta capacidad; concentra la actividad en torno a las estaciones y puede sostener densidades moderadas en un área geográfica mucho mayor. El tejido del automóvil — la forma dominante del desarrollo suburbano del siglo XX — está organizado en torno al coche y es funcionalmente incompatible con caminar o con el transporte público. La clave es que la mayoría de las ciudades contienen los tres tejidos en proporciones variables, y que el reto central del urbanismo contemporáneo no es reemplazar un tejido por otro, sino reforzar estratégicamente los tejidos peatonales y de transporte allí donde han sido suprimidos o nunca se han permitido desarrollar. El libro dedica atención considerable a la pregunta sobre la implementación — específicamente, por qué ciudades que reconocen la disfunción de la dependencia del automóvil tan a menudo no logran superarla. Newman y Kenworthy examinan las barreras institucionales, políticas y financieras que perpetúan la planificación centrada en el coche: herramientas de modelización de transporte que proyectan la demanda futura de vehículos como una variable dada; estándares de ingeniería vial que priorizan la fluidez del tráfico por encima del contexto; la economía política de la construcción de carreteras; y la dificultad de coordinar las decisiones de uso del suelo y transporte en estructuras metropolitanas fragmentadas. Sin embargo, constatan que estas barreras se están superando de manera creciente, y ofrecen estudios de caso de ciudades de varios continentes — entre ellas Copenhague, Singapur, Bogotá, Curitiba y varias ciudades estadounidenses — donde decisiones políticas deliberadas han catalizado la reconstrucción de tejidos peatonales y de transporte. El libro también aborda las ciudades emergentes del mundo en desarrollo, en particular las regiones de urbanización acelerada de Asia, África y América Latina. Aquí los riesgos son especialmente elevados: las decisiones de infraestructura de transporte que se tomen hoy en ciudades como Nairobi, Yakarta o Lagos determinarán la forma urbana y los patrones de movilidad durante generaciones. Newman y Kenworthy argumentan que las ciudades en desarrollo tienen una oportunidad real de saltarse el modelo dependiente del automóvil que los países ricos ahora se esfuerzan por desmantelar, siempre que los marcos normativos, los mecanismos de financiación y la cultura profesional de planificación puedan alinearse en torno al desarrollo orientado al transporte y las formas urbanas compactas. En sus capítulos finales, el libro enfrenta el 'pronóstico preocupante' que algunos lectores podrían extraer del análisis: que si bien la tendencia hacia la reducción de la dependencia del automóvil es real, también es desigual, frágil y potencialmente reversible. Los autores argumentan que la transición requiere una gestión activa — inversión en sistemas ferroviarios, reforma de la normativa de uso del suelo, rediseño de calles y un cambio fundamental en cómo la planificación del transporte concibe su propio propósito. La conclusión dibuja una imagen de la vida después de la dependencia del automóvil: ciudades más densas, más caminables, más equitativas y más resilientes, donde el coche sigue disponible pero ya no es el principio organizador de la vida cotidiana. Este libro es lectura imprescindible para urbanistas, ingenieros de transporte, analistas de políticas públicas, investigadores de sostenibilidad y cualquier persona que desee comprender las fuerzas estructurales que están transformando las ciudades en el siglo XXI. Es a la vez un trabajo de investigación empírica, una contribución teórica a los estudios urbanos y una guía práctica para las decisiones de planificación que determinarán el carácter de la vida urbana en las próximas generaciones.