The Health Impacts of Cold Homes and Fuel Poverty

DeMarmot Review Team

Editorial
Friends of the Earth & Marmot Review Team
Año
2011
ISBN
978-1-85775-835-5
Idioma
Inglés

Sobre este libro

Encargado por Friends of the Earth e investigado por el Marmot Review Team — el mismo grupo que elaboró la influyente revisión de 2010 'Fair Society, Healthy Lives' sobre desigualdades en salud en Inglaterra — 'The Health Impacts of Cold Homes and Fuel Poverty' es una revisión sistemática de evidencias publicada en 2011 que construye el argumento epidemiológico y político para tratar la vivienda fría como una crisis de salud pública mayor que requiere una acción nacional urgente. Dirigido por el profesor Sir Michael Marmot del University College de Londres, el informe sintetiza investigaciones de medicina, epidemiología, política social y ciencia de la edificación para ofrecer un relato convincente de los modos en que los hogares insuficientemente calefactados dañan la salud a lo largo de todo el ciclo vital, desde la primera infancia hasta la vejez. El informe comienza situando los hogares fríos en el marco de los determinantes sociales de la salud — las condiciones estructurales de la vida cotidiana que condicionan los resultados de salud con más fuerza que las intervenciones clínicas individuales.

El mensaje persistente es que la pobreza energética no es un accidente desafortunado que afecta a una minoría pequeña, sino una consecuencia predecible de la intersección entre ingresos bajos, mala calidad residencial y costes energéticos elevados, y que sigue un gradiente social claro: cuanto menor es el ingreso de un hogar, mayor es la probabilidad de vivir en pobreza energética y de padecer sus consecuencias para la salud. En el momento de la publicación, se estimaba que aproximadamente 4,5 millones de hogares en el Reino Unido se encontraban en situación de pobreza energética — es decir, destinaban más del diez por ciento de sus ingresos a la energía para mantener una temperatura adecuada. Los impactos en la salud documentados en el informe son amplios y graves.

El hallazgo estadísticamente más llamativo es la estimación de que cada año se producen en el Reino Unido aproximadamente 5.500 muertes adicionales entre las personas que viven en el cuarto más frío del parque residencial, en comparación con lo que cabría esperar si esos hogares estuvieran adecuadamente calefactados. El Reino Unido presenta tasas comparativamente elevadas de mortalidad invernal excesiva en relación con países de clima más frío, como Finlandia y Suecia, paradoja que el informe atribuye al menor rendimiento térmico del parque residencial antiguo británico y a los estándares históricos más débiles de aislamiento y calefacción, en contraste con las naciones del norte de Europa cuyo invierno es más extremo pero cuyos edificios están mejor protegidos. Las enfermedades cardiovasculares y respiratorias se identifican como las principales vías a través de las cuales las temperaturas interiores frías se traducen en muerte prematura y morbilidad.

El aire frío aumenta la viscosidad sanguínea y la presión arterial al tiempo que contrae los vasos sanguíneos periféricos, elevando sustancialmente el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular durante los períodos fríos. Las afecciones respiratorias — en particular la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, el asma y las infecciones respiratorias — se agravan con los ambientes interiores fríos y húmedos, que favorecen el crecimiento de mohos y la proliferación de patógenos respiratorios. El informe documenta que los niños que viven en hogares fríos tienen más del doble de probabilidades de sufrir problemas respiratorios que los que viven en hogares cálidos.

Las consecuencias para la salud mental de la vivienda fría reciben una atención sostenida. La investigación citada en el informe indica que los adolescentes que viven en hogares persistentemente fríos tienen cinco veces más probabilidades de desarrollar múltiples problemas de salud mental que los que siempre han vivido en hogares cálidos, y que los adultos en viviendas con calefacción insuficiente presentan tasas sustancialmente más elevadas de depresión y ansiedad. La carga psicológica de la pobreza energética — el estrés de las facturas energéticas inasequibles, la elección entre calentar o comer, el aislamiento social derivado de la imposibilidad de recibir visitas en un hogar frío — agrava los efectos fisiológicos directos de la exposición al frío.

Para los niños, el informe documenta una cascada de consecuencias en el desarrollo. Los hogares fríos interfieren con el aumento de peso saludable en los lactantes, incrementan la frecuencia y la gravedad de los síntomas asmáticos y — a través de sus efectos sobre la calidad del sueño, la concentración y la asistencia escolar — comprometen el rendimiento académico. El informe construye un argumento poderoso de que la vivienda fría es un motor de desigualdad: sus efectos se acumulan a lo largo de la infancia, reduciendo el desarrollo cognitivo y la resiliencia de maneras que perjudican a los niños durante el resto de sus vidas.

Las recomendaciones de política que concluyen el informe se centran en acelerar la mejora de la eficiencia energética del parque residencial existente, especialmente las viviendas más ineficientes ocupadas por los hogares más vulnerables. El informe reclama un programa nacional de rehabilitación dirigido a los hogares más fríos, con un mecanismo de financiación que permita a los hogares de bajos ingresos acceder a las mejoras sin costes iniciales prohibitivos. Aboga por una gobernanza integrada que conecte la política de salud, la política de vivienda y la política energética, argumentando que la separación de estos ámbitos en la administración es en sí misma una barrera estructural para la acción eficaz.

Para la profesión de la construcción sostenible, este informe proporciona una base fundamental de salud pública para la agenda de rehabilitación energética del parque edificado. Traduce el argumento abstracto a favor de la mejora de la envolvente del edificio en evidencias concretas de vidas afectadas, muertes evitables y desigualdades de salud reducidas, reforzando la justificación para la inversión en rehabilitación tanto desde el punto de vista social como ambiental.